Decime un color


-Decime un color.

-Azul. Yo soy Azul. Soy el mismísimo color Azul. Soy frío. Calculador al extremo de parecer que no tengo sentimientos. Soy ambicioso, inmenso. Yo di al mar y al cielo su color.

"Yo no soy como el Rojo, un color demasiado sentimental, demasiado impulsivo, que sólo ve las pequeñas cosas. Yo anduve por el Mundo, como todos los colores, pero yo fui observando, sacando conclusiones de lo observado. Viendo las cosas grandes como el mar y las pequeñas como los ojos de las mujeres. Así he acumulado cierta experiencia y sabiduría. No tanto como la del Gris. (El Gris es el color más sabio. Gris es el color de la experiencia y del Tiempo.)

"Yo soy Azul, el más azul de todos los colores... No es una estupidez. Soy un color único... Todos los colores son únicos. Pero yo soy más único que el resto de los colores. Yo puedo hacerte un regalo que nadie más puede hacerte.

"Yo soy Azul, el color de lo que está lejos, el color de la distancia y de la profundidad. Soy el color del futuro, el color de los sueños.

Ustedes, seguramente no sabrán, que son los colores. Ya no se preguntan, como hacían sus antepasados: ¿De que color es tal cosa? o ¿Qué color te gusta?. Esas preguntas han quedado en el tiempo.

Yo soy el mismísimo color Azul y hoy día eso no es muy importante. Los colores hemos dejado de participar directamente del decorado de este mundo. Lo hacemos de un modo indirecto. Por eso hoy ya nadie dice: -Decime un color-.

Son nuevos tiempos. No sé si mejores o peores, son distintos. El Rojo, suele protestar por estos nuevos tiempos, diciendo que los tiempos pasados eran mejores. Es lógico que diga eso. Antes el Rojo era la estrellita de los colores, andaba siempre resaltando por todos lados. Otros colores han sido favorecidos con estos nuevos tiempos. Mejor voy a empezar por el principio.


Nada. No había ni tiempo, ni espacio. Ni orden, ni caos. Ni bien, ni mal. Ni luz, ni oscuridad. Ni Blanco, ni Negro. Nada.

Entonces Dios creó al Universo. Entre las primeras cosas que creo estuvieron Blanco y Negro. De Blanco y Negro descendieron directamente seis colores: Violeta, Rojo, Naranja, Amarillo, Verde y yo, Azul. En siguientes generaciones nacieron todos los otros colores y las distintas tonalidades. Cuando Dios creó al Universo dio a cada color su lugar. Gracias a la gran sabiduría de Dios cada color tuvo un lugar acorde a su personalidad. Yo, el ambicioso Azul, ocupé el mar y el cielo. O, tal vez, haya sido al revés. Según el lugar que ocupamos fuimos moldeando nuestra personalidad. Los filosóficos Grises claros aún siguen discutiendo cual de las dos opciones es la correcta. Yo realmente no sé y creo que no cambia muchas cosas saberlo.

Los colores vivimos durante miles de años tratando de ocupar los nuevos lugares que surgían. Todos nos esforzábamos por destacarnos y ser vistos desde lejos. Nos esforzábamos por llamar la atención de los otros seres de la Naturaleza. Pero es imposible que un color llame a la atención por sí solo. Si todo el Universo fuera del mismo color, ese color no llamaría la atención. Se necesita estar al lado de otro color para lograrlo. Fueron miles de años de pactos y traiciones. Los colores nos juntábamos, no muchos dos o tres, y pactábamos ayudarnos para destacar aquí o allá. Casi todos los colores pactamos con casi todos los colores, por lo tanto, al mismo tiempo, casi todos los colores traicionamos a casi todos.

Hoy lo recuerdo con cierta gracia. Parecía que esa era la naturaleza intrínseca de los colores. Siempre tratando de destacarnos, siempre en busca del éxito personal. Pasaban ante nuestras narices cosas que hoy nos parecen fundamentales, y no les dábamos importancia. Por ejemplo yo me encontré en varias banderas con Rojo y Blanco. Nos encontramos muchas veces y sin embargo ninguno sabía algo de los otros. Nunca nos mezclábamos, siempre había un borde. Una discontinuidad fundamental para lograr destacarse. Por más complicado que fuese el diseño siempre había un lugar preciso donde terminaba un color y empezaba otro. Ejemplos como este podría nombrar millones: banderas, carteles, letras. Todo era discontinuo, discreto, descriptible. Era esa la época en que sus antepasados se preguntaban: ¿De qué color es tal cosa? y ¿Qué color te gusta? Estas preguntas tenían sentido porque era muy fácil describir como estaban coloreadas las cosas.

En un momento de la historia, no se sabe muy bien cuando fue, los colores empezamos a bailar. No fue hace mucho tiempo. Al parecer comenzaron a bailar los colores... bajos, por qué no decirlo. Los colores menos nobles. Menos nobles para nosotros que nos creemos nobles unilateralmente. Los Marrones y Grises oscuros, empezaron a bailar. Bailaban y bailaban mezclándose como ningún otro color se había atrevido antes. Inicialmente los miramos casi con asco simplemente porque provenía de colores bajos. Un prejuicio estúpido. Lentamente, fascinados por los resultados de aquellos bailes, fuimos animándonos a bailar sin importar los prejuicios. Cuando uno realiza su primer baile una sensación totalmente nueva lo llena completamente. Algo fascinante e indescriptible hace que ya no se pueda dejar de bailar. Hoy todos los colores bailamos y bailamos sin cesar creando formas y diseños que jamás hubiéramos imaginado. Hoy a nadie puede ocurrírsele hacer un pacto con alguien para destacarse en algún lugar. Hoy simplemente lo sacas a bailar.

Ya no hay límites, ni discontinuidades. Ya no hay un lugar donde decir acá termina un color y empieza otro. Hoy los colores bailamos hasta mezclarnos y un sutil degradé nos lleva de uno a otro sin fronteras. Como he mencionado los viejos tiempos me causan cierta gracia. ¿Cómo pudimos ser tan estúpidos de permanecer separados tanto tiempo, cada uno buscando destacarse de los demás? Hoy nos mezclamos y nos conocemos. Yo sé de los profundos pensamientos del sabio Gris claro, las penas y alegrías del sentimental Rojo, los sueños del esperanzado Verde, y así sé de la vida de todos los colores. Los colores "bajos" nos han dado una lección, nuevamente. Antes todos juntos pero separados. Gracias a ellos hoy nos mezclamos diariamente en un divertido baile.

Como si todo esto fuera poco, hoy cuando dos colores nos ponemos a bailar somos más que dos colores. Del baile surge un diseño indescriptible. Así como es imposible describirle un color a un ciego, es casi imposible describir el resultado de un baile.

Algunos sostienen que estos tiempos son mejores, unos pocos que son peores. Para mí son demasiado distintos como para compararlos. Hoy solo sé que quiero bailar.



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